En lingüística, el sujeto es el argumento sintáctico de la oración que experimenta el estado o ejecuta la acción expresada por el verbo. Más allá de la clásica definición escolar, la regla de oro para identificarlo es la concordancia obligatoria en número y persona con el núcleo del predicado.
Si cambiamos el número del verbo (de singular a plural), el sujeto se verá forzado a cambiar también.
Ejemplo: «Me disgusta tu actitud» (Si cambiamos el verbo a plural: «Me disgustan tus actitudes». Por lo tanto, "tu actitud" es el sujeto).
La visibilidad del sujeto en la oración determina una de sus clasificaciones más importantes:
Es aquel que aparece explícitamente fonado o escrito en el enunciado. No siempre es un nombre propio o un pronombre común; puede ser una estructura compleja.
Ejemplo con sustantivo abstracto: «La incertidumbre devoraba la paciencia de los inversores».
Ejemplo con oración subordinada (sujeto complejo): «Quienes llegaron tarde perdieron el derecho a la réplica».
El sujeto existe, pero está morfológicamente oculto. Lo reconocemos gracias a la desinencia verbal o al contexto de la conversación.
Ejemplo en lenguaje literario: «Sopesó las consecuencias antes de emitir el veredicto». (Sujeto tácito: Él o Ella).
Ejemplo conversacional: «Estuvimos divagando sobre filosofía toda la noche». (Sujeto tácito: Nosotros).
El núcleo del sujeto (NS) es la palabra que sostiene el peso sintáctico de la estructura (un sustantivo, pronombre o palabra sustantivada).
Posee un único núcleo, independientemente de cuántos adjetivos o modificadores lo acompañen.
Ejemplo con modificadores: «Aquel viejo reloj de arena de la repisa dejó de funcionar». (El núcleo es únicamente "reloj").
Ejemplo con infinitivo sustantivado: «Caminar bajo la lluvia matutina relaja mis nervios». (El núcleo es el verbo en infinitivo "Caminar").
Contiene dos o más núcleos coordinados que comparten el mismo predicado.
Ejemplo no convencional: «El rugido del motor y la vibración del asfalto anunciaban la tormenta». (Núcleos: rugido, vibración).
Ejemplo con pronombres: «Tú y yo sabemos perfectamente el desenlace de esta historia». (Núcleos: Tú, yo).
Dependiendo de si el sujeto ejecuta la acción o es afectado por ella, se clasifica en:
Es el protagonista activo en la voz activa; el ente que realiza o provoca la acción del verbo.
Ejemplo: «El algoritmo de la red social modificó las tendencias globales».
Ejemplo: «La persistente sequía erosionó los campos de cultivo».
Aparece en la voz pasiva. No realiza la acción, sino que experimenta sus efectos directos.
Ejemplo en pasiva analítica: «Las viejas directrices fueron revocadas por la junta directiva».
Ejemplo en pasiva refleja (sin complemento agente explícito): «Se divulgaron los resultados secretos durante la madrugada». (El sujeto paciente es "los resultados secretos").
Sujeto Indeterminado: Se usa cuando se desconoce a propósito la identidad del sujeto o no interesa mencionarla, utilizando la tercera persona del plural.
Ejemplo: «Llaman a la puerta a estas horas».
Ausencia de sujeto (Oraciones Impersonales): Existen oraciones que carecen por completo de sujeto (no es que esté tácito, es que no existe). Ocurre con fenómenos climáticos o ciertos usos de los verbos "haber" y "hacer".
Ejemplo: «Hubo demasiadas complicaciones en el abordaje». (No confundir el objeto directo "demasiadas complicaciones" con el sujeto).
Identificar el sujeto a veces puede resultar confuso, especialmente cuando no se encuentra al principio de la oración o cuando está compuesto por estructuras largas. Para localizarlo sin margen de error, existen dos métodos infalibles:
El sujeto y el verbo siempre deben coincidir en número (singular o plural) y persona (primera, segunda o tercera). Si cambias el número del verbo, la estructura que se vea obligada a cambiar para que la oración siga teniendo sentido será el sujeto.
Ejemplo: «Al joven arqueólogo le apasiona el misterio de las ruinas». (Si cambiamos el verbo a plural: «...le apasionan...», nos vemos obligados a cambiar el final: «...los misterios de las ruinas». Por lo tanto, "el misterio de las ruinas" es el sujeto).
Un error frecuente en redacción es creer que el sujeto siempre va al inicio. En español, el orden de las palabras es muy flexible y el sujeto puede aparecer perfectamente al final de la frase.
Ejemplo con sujeto al final: «En el último minuto del partido emergió la figura del guardameta». (El sujeto es "la figura del guardameta").
Ejemplo con sujeto intercalado: «Por las mañanas, el aroma del café recién hecho inundaba toda la casa». (El sujeto es "el aroma del café recién hecho").Página: El predicado