La oposición entre qué y que constituye una de las distinciones más importantes del sistema de la tilde diacrítica en español. Aunque ambas formas comparten un mismo origen histórico, en la lengua actual pertenecen a categorías gramaticales diferentes y desempeñan funciones sintácticas claramente diferenciadas.
Qué pertenece al paradigma de los interrogativos y exclamativos tónicos. Que, por el contrario, es una palabra polisémica que puede funcionar como pronombre relativo, conjunción subordinante, conjunción coordinante, elemento comparativo, partícula expletiva y componente de numerosas locuciones.
La diferencia no depende del significado léxico de la palabra, sino de la función sintáctica que desempeña dentro de la oración.
Como pronombre interrogativo, qué pregunta por la identidad de una persona, un objeto, una acción o un concepto.
«¿Qué provocó el colapso de la estructura?»
«¿Qué documento falta en el expediente?»
«¿Qué descubrieron durante la excavación?»
En estos casos sustituye al elemento cuya identidad se desconoce.
Puede acompañar directamente a un sustantivo.
«¿Qué argumento consideras más sólido?»
«¿Qué solución propone el informe?»
«¿Qué sendero conduce al observatorio?»
Su función consiste en determinar al sustantivo mientras introduce una interrogación.
La interrogación puede quedar subordinada sin perder su naturaleza.
«Ignoro qué ocurrió durante la inspección.»
«Nadie explicó qué originó la discrepancia.»
«El informe no aclara qué motivó el retraso.»
Aunque desaparecen los signos de interrogación, permanece la incógnita y, por tanto, la tilde.
Introduce exclamaciones de intensidad o valoración.
«¡Qué extraordinaria resultó la restauración!»
«¡Qué silencio reinaba en la biblioteca!»
«¡Qué precisión alcanzó el instrumento!»
No solicita información, sino que intensifica una cualidad.
El interrogativo puede sustantivarse.
«Todavía desconocemos el qué de aquella decisión.»
«El investigador explicó el cómo, pero no el qué.»
«El informe aclara el cuándo, aunque no el qué.»
En estos casos qué conserva la tilde porque sigue perteneciendo al paradigma interrogativo.
Uno de sus usos más importantes consiste en introducir oraciones subordinadas relativas.
«La obra que admiramos pertenece al siglo XVIII.»
«El manuscrito que encontraron estaba incompleto.»
«La teoría que defendía resultó correcta.»
El pronombre relativo remite a un antecedente expreso.
Puede sustituirse por el cual, la cual, los cuales o las cuales cuando el contexto lo permite.
«La teoría la cual defendía...»
También puede aparecer sin antecedente expreso.
«Quien estudia comprende más que quien memoriza.»
«Que llegue primero recibirá la documentación.»
«No aceptaremos que se modifiquen las condiciones.»
En estos casos conviene distinguir cuidadosamente el relativo de la conjunción según la estructura sintáctica.
Introduce subordinadas sustantivas.
«Espero que el análisis concluya mañana.»
«Afirmó que las pruebas eran suficientes.»
«Creemos que la hipótesis es correcta.»
Aquí que carece de función dentro de la subordinada; únicamente actúa como nexo.
Esta es probablemente su función más frecuente en español.
Introduce el contenido de verbos de lengua, pensamiento o percepción.
«Declaró que había revisado todos los archivos.»
«Recordó que la decisión debía aplazarse.»
«Explicó que existían varias interpretaciones.»
Expresa finalidad.
«Habla más despacio para que todos comprendan.»
«Revisó el documento a fin de que no quedaran errores.»
«Ordenó las piezas de modo que resultara fácil identificarlas.»
«Tan preciso era el cálculo que nadie lo cuestionó.»
«Tanto insistió que terminó convenciendo al comité.»
«Era tal el deterioro que fue imposible restaurarlo.»
Aquí introduce la consecuencia.
«El puente resultó más resistente que el anterior.»
«Trabaja mejor que antes.»
«El proceso fue menos complejo que el previsto.»
Forma parte del segundo término de la comparación.
Puede coordinar palabras o expresiones.
«Corre que corre por todo el pasillo.»
«Dale que dale con la misma explicación.»
«Venga que venga gente durante toda la tarde.»
En estos casos aporta un matiz reiterativo.
Puede introducir órdenes o deseos.
«¡Que entre el siguiente!»
«¡Que nadie abandone la sala!»
«¡Que comience la sesión!»
No equivale a una interrogación.
En determinadas construcciones no añade contenido semántico esencial.
«¡Que si lo recuerdo!»
«¡Que no pienso renunciar!»
«¡Que ya lo sabía!»
Su función es principalmente enfática o discursiva.
Forma parte de numerosas locuciones.
«Ya que.»
«Puesto que.»
«Siempre que.»
«Aunque.»
«A pesar de que.»
«Con tal de que.»
«Antes de que.»
«Después de que.»
«Hasta que.»
«Desde que.»
«Cada vez que.»
«Siempre que.»
En ninguna de ellas lleva tilde porque no introduce interrogación ni exclamación.
Obsérvese el contraste.
«No sé qué responder.»
Existe una incógnita.
«Sé que responderá mañana.»
No existe ninguna pregunta; que únicamente introduce una subordinada sustantiva.
Otro ejemplo.
«¿Qué libro eligieron?»
El determinante acompaña al sustantivo.
«El libro que eligieron fue premiado.»
Aquí que sustituye al antecedente «libro».
Otro contraste.
«¡Qué magnífica interpretación!»
Valor exclamativo.
«La interpretación que escuchamos fue magnífica.»
Valor relativo.
La tilde de qué pertenece al sistema de los interrogativos y exclamativos.
«qué / que»
«quién / quien»
«cuál / cual»
«cuánto / cuanto»
«cómo / como»
«cuándo / cuando»
«dónde / donde»
«adónde / adonde»
Todos los interrogativos y exclamativos conservan la tilde incluso cuando aparecen en interrogaciones indirectas.
La distinción entre qué y que no depende de la presencia de signos de interrogación.
Se escribe qué cuando la palabra pertenece al paradigma de los interrogativos y exclamativos y expresa una incógnita, una selección, una identificación o una ponderación.
Se escribe que cuando funciona como pronombre relativo, conjunción subordinante, conjunción coordinante, partícula discursiva o componente de una locución.
En consecuencia, la tilde diacrítica no refleja una diferencia de pronunciación, sino una diferencia de categoría gramatical y de función sintáctica. Este criterio explica la totalidad de los usos normativos del español contemporáneo.