La manera de entender la oración ha cambiado de forma profunda.
La Real Academia Española y la Asociación de Academias de la Lengua Española, a través de la Nueva gramática de la lengua española, redefinieron por completo este concepto y sustituyeron la explicación tradicional que durante décadas predominó en la enseñanza.
Quedó atrás la definición escolar según la cual la oración era simplemente la unidad lingüística que expresaba un pensamiento completo.
La gramática actual ha abandonado los criterios basados en el significado y define la oración desde una perspectiva estrictamente sintáctica.
Según este enfoque, una oración se caracteriza por la relación de interdependencia entre un sujeto y un predicado.
Esa relación se manifiesta mediante la concordancia de persona y número, generalmente expresada por el verbo.
Por ello, una oración ya no se identifica por transmitir una idea completa, sino por la organización interna de sus componentes.
En la oración «La reunión comenzó temprano»., el sujeto concuerda con el verbo en tercera persona del singular.
Lo mismo sucede en «Mis vecinos renovaron la fachada»., donde el verbo adopta obligatoriamente la forma correspondiente al sujeto.
En «Nosotros aceptaremos la propuesta»., la primera persona del plural aparece reflejada en la forma verbal.
También ocurre en «El concierto terminó puntual»., cuya estructura mantiene la misma relación sintáctica entre sujeto y predicado.
De igual modo, «Aquellas medidas mejoraron los resultados». demuestra que incluso las oraciones con mayor desarrollo conservan esa misma organización formal.
Para comprender este cambio es necesario tener presentes tres precisiones fundamentales.
La primera consiste en distinguir con claridad entre oración y enunciado.
La oración es una estructura gramatical, mientras que el enunciado es la unidad mínima de comunicación producida en una situación concreta.
Por esa razón, «¡Silencio!». constituye un enunciado válido, aunque no sea una oración.
Lo mismo ocurre con «Nunca». cuando responde por sí sola a una pregunta.
También «Buenos días». funciona como un enunciado completo sin necesidad de presentar una estructura oracional.
En cambio, «…que llegues antes de las ocho…». posee la estructura de una oración, pero aislada no constituye un enunciado independiente.
Algo semejante sucede con «¡Ay!»., que comunica una reacción completa sin presentar la organización propia de una oración.
No debe confundirse este tipo de enunciados con formas verbales como «¡Entren!».
Aunque esté formada por una sola palabra, la gramática actual la considera una oración completa, ya que el verbo incorpora la concordancia con un sujeto tácito.
La segunda precisión modifica otra idea tradicional.
Durante mucho tiempo se sostuvo que toda oración debía contener un verbo conjugado.
La Nueva gramática de la lengua española reconoce también las oraciones bimembres no verbales, conocidas como oraciones nominales.
En ellas se mantiene la relación entre sujeto y predicado, aunque el verbo no aparezca de forma expresa.
Así ocurre en «Año nuevo, vida nueva»., donde el segundo miembro predica una característica del primero.
Lo mismo sucede en «Casa ordenada, mente tranquila»., una construcción frecuente en el uso cotidiano.
También encontramos este tipo de estructura en «¡Excelente tu presentación!»., donde se atribuye directamente una cualidad al sujeto.
Los titulares periodísticos ofrecen numerosos ejemplos, como «El director, reelegido»., en el que la coma sustituye al verbo.
Otro caso habitual es «Muy interesante tu propuesta»., cuya relación predicativa se interpreta sin dificultad aunque el verbo no esté escrito.
La tercera consecuencia de esta redefinición afecta a las llamadas oraciones impersonales.
Si una oración exige la presencia de sujeto y predicado, las construcciones sin sujeto plantean un problema de clasificación.
Por ese motivo, la gramática contemporánea suele describirlas como predicados impersonales o construcciones sintácticas especiales, y reserva el término oración para las estructuras que presentan ambos miembros.
Así ocurre en «Llueve desde esta mañana»., donde no existe ningún sujeto.
También en «Hubo varios cambios durante la reunión»., ya que el grupo nominal no desempeña la función de sujeto.
Lo mismo sucede en «Hace mucho calor hoy»., que carece de concordancia con un sujeto.
En «Se vive bien aquí»., la construcción impide deliberadamente la aparición de un sujeto gramatical.
Finalmente, «Es demasiado tarde». muestra otra estructura sin sujeto explícito que la gramática actual analiza como un predicado impersonal.
En definitiva, la oración ha dejado de definirse como una unidad de significado para entenderse como una unidad de organización sintáctica.
Lo decisivo ya no es que exprese una idea completa, sino que presente la relación formal de interdependencia entre un sujeto y un predicado.
Es el mensaje mínimo, la unidad de comunicación. Los enunciados presentan las siguientes características:
a) Poseen valor comunicativo. Constituyen por sí mismos mensajes.
b) Tienen autonomía sintáctica. Aparecen aislados, es decir, no están conectados con ningún otro por procedimientos sintácticos.
c) Poseen entonación propia, que se extiende entre dos pausas marcadas que lo delimitan y le otorgan autonomía.
d) En el habla, se asocian a actos de habla.
e) Los enunciados constan de dos componentes que configuran su sentido y los ordenan como una unidad: el dictum o secuencia y el modus o modalidad. El dictum expresa el contenido de los mensajes, que se manifiesta en la secuencia sintáctica. Según las características internas de la secuencia, los enunciados pueden ser oracionales o no oracionales, dividiéndose estos últimos en enunciados nominales, adjetivales, adverbiales o interjectivos, entre otras posibilidades.
Se llama modalidad a la expresión de la actitud del hablante en relación con el contenido de los mensajes. El emisor es quien enuncia, quien interroga, quien exclama, quien formula su deseo o sus dudas. La modalidad se expresa a través de recursos sintácticos, léxicos y fonológicos. Destaca entre los últimos la curva de entonación, en especial su inflexión final. Junto a la estructura formal, la curva melódica es uno de los criterios fundamentales para distinguir entre los diversos tipos de enunciados según la modalidad: aseverativos o declarativos, interrogativos, exclamativos, imperativos o exhortativos, desiderativos y dubitativos.
Las oraciones son unidades de predicación, segmentos que ponen en relación de interdependencia formal un sujeto con un predicado. En español son posibles oraciones con sujeto implícito o tácito, determinado por la morfología verbal. Sin embargo, aquellas estructuras de la lengua general que carecen de sujeto debido a su propia naturaleza gramatical constituyen predicados impersonales o construcciones sintácticas especiales, y no oraciones en sentido estricto.
Las oraciones y las construcciones impersonales se pueden clasificar de acuerdo con varios criterios, entre ellos, la naturaleza del predicado y su complejidad.
Por la naturaleza del predicado, atendiendo a las propiedades del verbo con el que se construyen, las oraciones se dividen en copulativas, transitivas o intransitivas. Las primeras se forman con verbos copulativos; las segundas, con transitivos, que son los verbos que seleccionan un complemento directo como argumento; y las terceras, con verbos intransitivos.
Según su complejidad, se distingue entre oraciones simples, construcciones complejas y períodos. Las oraciones simples constan de un solo predicado. La unión de múltiples estructuras predicativas da lugar a la coordinación, a la subordinación o a la formación de períodos. En las compuestas por subordinación se distinguen tradicionalmente la oración principal y la oración subordinada. La subordinada se halla inserta o incrustada en la principal, forma parte de ella y desempeña en su interior alguna función sintáctica, como ocurre con las subordinadas sustantivas y las oraciones de relativo. En la secuencia «Ella dijo que no estaba de acuerdo», la oración principal abarca toda su extensión, mientras que la subordinada es la que realiza la función de complemento directo del verbo principal.
Los segmentos coordinados pueden pertenecer a casi todos los grupos sintácticos. Se diferencian los siguientes tipos de coordinación:
a) La coordinación copulativa. Da origen a conjuntos cuyos elementos se suman. Sus conjunciones son esencialmente «y» (o su variante «e») y «ni».
b) La coordinación disyuntiva. Denota la existencia de dos o más opciones. La conjunción más característica es «o», que puede aparecer como enlace simple o discontinuo.
c) La coordinación adversativa. Expresa contraposición u oposición de ideas mediante las conjunciones «pero», «mas» y «sino». Las dos primeras se usan en enunciados afirmativos y negativos; la tercera, solo en negativos.
Si no hay restricciones semánticas que lo impidan, pueden coordinarse entre sí grupos u oraciones, siempre que desempeñen las mismas funciones sintácticas. Cuando se unen segmentos de la misma categoría gramatical, la coordinación se denomina homocategorial; si pertenecen a categorías distintas, recibe el nombre de heterocategorial.
Es la unión de dos o más elementos lingüísticos contiguos sin partículas intermedias que los relacionen. La yuxtaposición constituye una vinculación de carácter puramente asindético. Si los elementos yuxtapuestos presentan equivalencia funcional, se interpreta una relación análoga a la coordinación copulativa o adversativa. Sin embargo, estas interpretaciones no están codificadas por la lengua, sino que se obtienen por medio de inferencias pragmáticas o contextuales basadas en la contigüidad. Del mismo modo, la vinculación asindética de secuencias que se interpretan con sentido causal o consecutivo depende de mecanismos contextuales de enlace y no de una estructura de coordinación propiamente dicha.
Las oraciones subordinadas se dividen en dos categorías principales atendiendo a su comportamiento formal: las subordinadas sustantivas y las oraciones de relativo (las cuales pueden presentar antecedente expreso o carecer de él). Las primeras ejercen funciones argumentales o del grupo nominal, mientras que las de relativo modifican a un elemento o actúan de forma libre o condesada tras la pérdida del antecedente.
Por otra parte, las estructuras que la tradición denominaba subordinadas adverbiales o circunstanciales cuantitativas y causales se configuran bajo modelos sintácticos diferentes:
a) Las antiguas adverbiales de tiempo, lugar y modo se analizan en la actualidad como oraciones de relativo sin antecedente expreso introducidas por adverbios relativos.
b) Las construcciones condicionales y concesivas no constituyen relaciones de subordinación interna, sino que se articulan en «períodos». Estas estructuras bimembres se componen de una prótasis (la zona que introduce la condición o el impedimento) y una apódosis (la consecuencia o el hecho principal).
c) Las construcciones ilativas, introducidas por conectores como «luego» o «conque», y las consecutivas forman agrupaciones particulares basadas en la correlación o la deducción que no se asimilan a la subordinación clásica.