Si el barbarismo es una falta que afecta a la palabra de forma aislada, el solecismo es un vicio del lenguaje que se produce al quebrar las reglas de la sintaxis. Esto significa que las palabras, tomadas individualmente, pueden estar perfectamente escritas y pronunciadas, pero el error surge en el momento en que se combinan, se ordenan o se relacionan dentro de una frase u oración.
La diferencia fundamental: El dequeísmo (ej. «pienso de que es tarde») y el queísmo (ej. «me di cuenta que viniste») son ejemplos perfectos de solecismos, nunca de barbarismos, porque el error no reside en las palabras «de» o «que» por sí solas, sino en la construcción incorrecta del régimen verbal.
A nivel lingüístico, los solecismos se clasifican rigurosamente según el tipo de falta sintáctica que se cometa:
Se producen cuando se rompe la armonía gramatical obligatoria entre los componentes de la oración, ya sea en género, número o persona.
Discordancia de género y número: Romper la relación entre sustantivo y adjetivo o determinante.
Ejemplo: «Hubieron muchos problemas» (el verbo haber impersonal no debe concordar en plural con el objeto directo; lo correcto es «Hubo muchos problemas»).
Ejemplo: «Área costoso» en lugar de «Área costosa» (confundir el uso del artículo «el» por razones fonéticas con el género real del sustantivo).
Discordancia de persona (Silepsis incorrecta): Alterar la correspondencia entre el sujeto y el núcleo del predicado.
Ejemplo: «El grupo de estudiantes protestaron» en lugar de «El grupo de estudiantes protestó» (el núcleo del sujeto es «grupo», que es singular).
Ocurren al modificar el régimen preposicional que exigen ciertos verbos, sustantivos o adjetivos, añadiendo, omitiendo o sustituyendo preposiciones de forma anómala.
Dequeísmo: Adición de la preposición «de» antes de la conjunción «que» cuando el verbo no la requiere.
Ejemplo: «Ella me dijo de que vendría» en lugar de «Ella me dijo que vendría».
Queísmo: Omisión de la preposición «de» cuando el régimen verbal la exige obligatoriamente.
Ejemplo: «Estoy seguro que aprobarás» en lugar de «Estoy seguro de que aprobarás».
Sustitución de preposiciones: Cambiar una preposición por otra de manera sistemática y errónea.
Ejemplo: «Pastillas para la tos» en lugar de «Pastillas contra la tos» (atendiendo a la lógica médica y sintáctica), o «De acuerdo a» en lugar de «De acuerdo con».
Se originan cuando se altera el orden lógico, natural o normativo de los elementos de la oración, generando ambigüedad (anfibología) o construcciones arcaicas e incorrectas.
Pronombres mal ubicados: Dislocación de los pronombres enclíticos o proclíticos.
Ejemplo: «Me se cayó el lápiz» en lugar de «Se me cayó el lápiz».
Desplazamiento del modificador: Colocar un elemento modificador lejos de la palabra a la que califica, alterando el sentido.
Ejemplo: «Se vende cuna para niños de madera» (¿Los niños son de madera?). Lo correcto sintácticamente es: «Se vende cuna de madera para niños».
Consisten en introducir términos que no aportan ninguna información nueva y que saturan la estructura sintáctica de manera innecesaria.
Duplicación incorrecta:
Ejemplo: «Volver a repetir» (repetir ya implica volver a hacerlo).
Ejemplo: «Subir arriba» o «Entrar adentro».